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En la cima de la montaña

“En duda si salvaremos o perderemos las naves, de buenas bancadas, si no te revistes de tu valor”, amenazaba Ulises a Aquiles en uno de los primeros cantos de la Ilíada. Sin duda esta fase de la historia describe el preludio de aquel desastre que estaría a punto de escribirse. “Sobre ti mismo se abatirá más tarde un pensar, pero ya no habrá modo, hecho ya el mal, de encontrar un remedio”, resolvía finalmente el rey ante el guerrero. Y es que un guerrero lo sabe. Si un olmo cubre su cabeza, si un peto de hierro guarda su pecho, si está dispuesto a sangrar lo lógico es que uno sangre.

Las cicatrices de hoy evocarán, en un mañana, un recuerdo de enseñanzas y sentimientos nuevos. Todo ello, se reduce en el último partido de liga, en el que lamentablemente, nadie se juega nada. En la herida de este encuentro se refleja un recuerdo de ayer y una lección del mañana. Llegados a este punto, solo hay una opción, quitarse el sudor de la frente, ver nuestra cima, la hemos conquistado, y mientras el sol cae para aparecer al otro lado, ver el atardecer sonriendo con la montaña en los pies.



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